Valdeón, el valle que atesora la puerta de la ruta del Cares.

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Valdeón es un valle lleno de rincones singulares

La vertiente sur de Picos, en pleno Norte de la provincia de León, no sólo es la madre del Sella sino también la cuna de una de las zonas naturales mejor conservadas. Huele a pueblo, sabe a naturaleza en estado puro y supone una auténtica experiencia para los amantes de la montaña.

Que el Valle de Valdeón, conserve la esencia de naturaleza virgen, no es tan solo por estar amparados por el Parque Nacional de los Picos de Europa. Es también por su recóndita ubicación, motivo por el cual, solo los más intrépidos soñadores buscan experiencias singulares.

Son tantos los estímulos que nos ofrecen estos parajes, que nos sentiremos totalmente embriagados al contemplar sus mágicos rincones. De hecho, muchos son los que vienen para relajarse y contemplar. La intrincada geografía, hace que se erijan miradores con vistas espectaculares.

El Valle de Valdeón, ocho pueblos y cientos de montañas

Ocho son los pueblos que, se dibujan entre las cientos de montañas que les rodean. A pesar de la dureza asociada a este entorno, durante siglos, se desarrolló la vida de estos pequeños asentamientos.

Las casitas, hechas de piedra y madera, con preciosos corredores, nos recuerdan un estilo arquitectónico perdurable. Que junto con los hórreos, los molinos y puentes, consiguen dotar a estos pueblitos, de una atmósfera de cuento.

Se trata de un valle de alta montaña, rodeado de las altas peñas de los Urrieles (Central) y del Cornión (Occidental). Los hayedos abrazan estos ocho pueblos, y las aguas del río Cares, riega sus praderas. El enclave está en pleno corazón de los Picos de Europa, por lo que no es tan solo atractivo por las vistas que nos dejan, sino que se convierte en punto estratégico para hacer rutas de senderismo o alpinismo.

Tradición, cultura, sabor a pueblo…

Son dignos de mención, Soto de Valdeón, con la iglesia de San Pedro del s. XVI por su bóveda de crucería y el retablo renacentista, y la ermita dedicada a la Virgen Blanca, y también Posada de Valdeón, con una iglesia de los s. XVI y XVII, dedicada a Santa Eulalia.

En Cordiñanes, a pocos metros del cauce del río Cares en su margen derecha, se conserva el yacimiento arqueológico de El Barrejo, una necrópolis plenomedieval con tumbas de lajas y bloques de caliza, descubierta en 1995. Algo más abajo está la ermita de la Virgen de Corona, patrona del valle de Valdeón, donde la leyenda refiere que fue coronado rey don Pelayo.

No tienen desperdicio el resto de los pueblos de Valdeón, Prada, Caldevilla, los Llanos y Caín, el pueblo que custodia la emblemática ruta del Cares

Santa Marina de Valdeón es donde se encuentra nuestro escondido camping. Una encantadora aldea de montaña, cuyos antecedentes históricos parecen estar en la fundación de un monasterio. El rey Alfonso VI concedió privilegios a su abad en el año 1081.Por eso la localidad presume de ser el núcleo habitado más antiguo del valle.

Un sistema de agricultura comunal, favoreció que sus vecinos lograran perdurar en condiciones muy agrestes. Sus gentes, sinceras y prácticas, parecen haber cumplido las leyes de la selección natural. Hoy en día, las circunstancias han cambiado, y gozan de ciertos privilegios con respecto a sus antepasados. Aún así, el precio de vivir en este singular entorno, en ocasiones se torna muy alto.

Escuchar sus historias y vivencias, saborear su cultura y tradiciones, nos transportan a tiempos pasados. Tiempos en los que no cabían las trivialidades de la actualidad.

Tomar, por ejemplo, un pincho de queso de Valdeón con una copa de vino del bierzo y contemplar las peñas y bosques aledaños, es sin duda uno de los placeres mundanos que te hace vibrar de emoción. Beber de la sabiduría popular, en un escenario legendario y natural, como es este recóndito lugar, es una experiencia inolvidable.

A la caza del lobo, una cuestión de supervivencia

Antiguamente, cuando las familias de lobos eran más abundantes, en Valdeón se les daba caza con palos y piedras. Debía de ser todo un enfrentamiento cara a cara no exento de miedo y adrenalina. Con estas acciones, un tanto arcaicas, pretendían controlar las poblaciones de lobos, y así menguar el riesgo de ataques al ganado.

Incluso existía una normativa municipal, según la cual, se obligaba a los varones de cierta edad, a participar en este cercamiento. Y ayudados por un ingenioso sistema de empalizadas que terminaban en un pozo, el chorco de los lobos. Los paisanos se escondían en unas especies de tipis, desde los que asustaban al lobo, hasta que caía en el pozo. Después se le daba muerte con estos métodos rudimentarios.

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Ermita de Corona, lo que cuenta la leyenda

Las Fiestas de la Virgen de la Corona están declaradas de Interés Turístico Provincial. Cada año las fiestas de la patrona del valle son todo un acontecimiento que nadie se quiere perder. Con una procesión de la Virgen acompañada por gaitas, arrancan estas fiestas.
Enclavada entre Cordiñanes y Caín, y frente al Chorco de los lobos. La historia de esta ermita, emerge entre leyendas. Una de ellas nos cuenta que Don Pelayo, huyendo de Córdoba, al no consentir la boda del gobernador bereber con su hermana, se refugió en estas abruptas tierras. Liderando a sus habitantes hacia una rebelión contra Alkama en el 722.
Otra de las leyendas, cuenta que tras una época de sequías, los moradores pidieron a la Virgen de Corona, que les trajo la lluvia. Es por esto que cada 8 de septiembre se celebre su festividad, y saquen a la Virgen en procesión.

La ruta del Cares, un tesoro bien guardado

Lo que comenzó siendo la vía de acceso para el mantenimiento del canal de alimentación de la central hidroeléctrica

El río Cares, no sólo ha dado forma a este singular Valle, a través de los tiempos. También protagoniza el escenario de una de las rutas de senderismo, más accesibles de Picos de Europa. Es en Caín dónde comienza este particular sendero, tallado en la roca caliza. Túneles, salientes y puentes te abren camino, zigzagueando entre los gigantes macizos, hasta llegar a Poncebos.

A pesar de ser bastante larga, doce kilómetros de ida, es en su mayoría plana. Sólo al llegando a los Collados, es cuando comienzan los desniveles. Por eso nuestro equipo de biólogos, al explicar el abanico de actividades desde el camping el Cares os harán recomendaciones especiales, para hacer la ruta algo más llevadera sin perderse lo más interesante.

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